sábado, 2 de octubre de 2010

El abismo errante

Hace tiempo ya que lo decidí, mi interior sigue azotado por el miedo, el miedo a una vida dura y áspera como una roca, el miedo a lo desconocido, pero es precisamente este miedo lo que hace arder mi alma, lo que me hace sentir irremediablemente vivo.
Se que todos sufristeis mucho durante mi secuestro, todo ocurrió muy rápido, los piratas surgieron de la nada, deslizándose sobre “el abismo errante” partieron en dos la penumbra de la noche. De entre todos me eligieron a mi, quizá por mi aspecto de muchacho de la nobleza, supusieron que podrían obtener una buena suma por mi rescate, y no se equivocaron.
Las negociaciones fueron difíciles, pase algo mas de tres meses entre piratas, entre los habitantes del “abismo errante”, se que os esforzasteis mucho, y también se que no alcanzareis a comprender mi decisión, pero aun así os merecéis una explicación.
El tiempo que pase en el navío ha cambiado mi vida para siempre, no cabe duda de que una naturaleza distinta y una predisposición hacía los instintos mas salvajes siempre ha dormido en mi interior, de mis allegados es bien sabida, a pesar de vuestros esfuerzos por ocultarla, mi afición al vino a las prostitutas y a cualquier forma de expresión artística. Todas estas circunstancias fueron propiciando el profundo cambio que ha sufrido todo mi ser, estos piratas, la tripulación de Ed “ojos de tigre” y sobretodo el propio Ed, no son seres humanos al uso, al menos no como vosotros, no como la gente que se arrastra por nuestras ciudades, tampoco son como el resto de piratas. Estos seres son personas libres, espontáneas, impulsivas, pasionales, viven celebrando su existencia a cada instante, entre ellos hay una extraña hermandad que ha terminado cautivándome por completo.
En ningún momento me trataron como su esclavo, ni tampoco me obligaron a convertirme en uno de ellos, fueron las acciones, las miradas y la forma de comportarse de Ed y los suyos los que me hicieron despertar. Ellos siguen otra forma de vida, una forma de vida que creo mas razonable que la vuestra, nunca matan a nadie a no ser que sea totalmente necesario, obtienen el oro de nobles o reyes, son muy sencillos no ostentan nada, se alimentan principalmente de la pesca, tienen islas secretas en las que conviven en total armonía, son libres.
Aunque en realidad, pienso que lo me ha hecho tomar esta decisión, es su equilibrio, o como el bueno de Jack Spencer me dijo su “aceptación de la oscuridad, del abismo, de nuestra condición de abismos errantes“.
Hemos hecho cosas a las que vosotros nunca podríais encontrarle ningún tipo de sentido. Una vez por semana organizábamos peleas, nos enzarzábamos en combates a puñetazos y patadas, dejábamos que la sangre corriese por nuestros cuerpos desnudos, ¿y para que? Pues para sentirnos vivos, libres, fuertes. Todas las mañanas realizábamos ejercicios físicos y practicábamos el arte del sable, Ed “ojos de tigre” decía que el hombre siempre ha de estar alerta pues cada día es una nueva batalla, muchas noches bebíamos ron hasta perder el sentido arropados tan solo por el cielo estrellado, aceptábamos la oscuridad de nuestro interior y tratábamos de aprender de ella.
Pensareis que me he vuelto loco, no soy quien para juzgaros, en ocasiones no alcanzo a entender lo que me motiva a actuar así, pero a pesar de todo, pienso que he de dejarlo en libertad, no quiero la vida que podéis ofrecerme, he de seguir mi camino, en dos días volveré a embarcar en el “abismo errante”, seré un pirata durante un tiempo y luego… dejare que la luz y la oscuridad que guardo en mi interior me muestren el camino.


Ilustración y texto: Moisés Rocamora.

lunes, 3 de mayo de 2010

El lobo sin fin

Según narran algunas viejas leyendas que el hombre ya ha olvidado. Hace millones de años, mucho antes de que los seres humanos poblásemos la tierra, nuestro planeta estaba habitado por lobos, ellos eran la especie dominante. Existían dos clases, los negros y los blancos, también conocidos como lobos de la oscuridad y lobos de la luz.
Ambas variedades estaban siempre en conflicto, llevaban siglos librando una cruel batalla que parecía no tener fin. Desde su mismo nacimiento, las dos especies sentían un odio salvaje hacía sus hermanos de distinto color, y un deseo irrefrenable por destruirse unos a otros.
Pero alguien sacaba provecho de esta situación, el dragón sin fin, un perverso semi-dios surgido de los abismos más tenebrosos del universo, una gigantesca bestia negra que habitaba en los cielos y cuyas extremidades se perdían en las nubes sin conocer jamás un final. Este dragón se alimentaba del odio, el odio le hacía crecer y crecer sin parar, de este modo, debido a la eterna batalla entre los lobos y al devastador odio que de ella se desprendía, el dragón sin fin gozaba siempre de alimento para crecer y crecer.
Los lobos se daban cuenta de todo esto, sabían que con su absurda guerra no hacían mas que alimentar al dragón sin fin, cuyo gigantesco cuerpo había tapado ya el cielo sumiendo el planeta en la mas lóbrega oscuridad, pero aun así, a pesar de todo, no podían dejar de sentir odio hacía sus semejantes, eran incapaces de aplacar esa pasión irracional que les llevaba a devorarse entre ellos, ese oscuro instinto que parecía controlar cada poro de su cuerpo.
Pero un día todo cambio, en mitad de la batalla apareció un nuevo y sorprendente lobo, un hermoso animal mitad negro y mitad blanco, ambos colores se repartían equitativamente por todo su cuerpo sin que se pudiese saber donde acababa uno y donde empezaba otro, era altivo y fastuoso. Nadie lo esperaba, nadie sabía su origen, pero podía ser la prueba que demostrase que ambas especies podían convivir en armonía.
Poco a poco, el nuevo lobo hizo ver a sus hermanos lo absurdo e inútil de su interminable conflicto, un conflicto que tan solo les llevaría a la destrucción absoluta, pues, según las leyendas, si el dragón sin fin no dejaba de crecer, llegaría un día en que devoraría el planeta tierra con todos sus habitantes. Las palabras del animal, unidas a la atmósfera hipnotizante que creaba con su sola presencia, consiguieron apaciguar lentamente el instinto indomable que llevaba a los lobos a combatir y combatir sin cesar.
Días después ceso por fin la guerra, lentamente el dragón fue menguando su tamaño hasta diluirse entre las nubes, un resplandeciente sol volvió a bañar de luz el planeta, por fin llego la paz. Sin embargo, tras la alegría inicial, los lobos empezaron a sentirse vacíos por dentro, la tristeza se apodero de sus almas, llevaban siglos combatiendo entre sí, desde que venían al mundo eran lanzados al campo de batalla, de modo que no sabían hacer otra cosa más que destruirse entre ellos, solo con la batalla podían llenar sus vidas.
Llegados a este punto, aconteció lo inevitable, la guerra volvió a bañarlo todo de sangre, la batalla continuo. Sin que apenas nadie pudiese darse cuenta, la silueta del dragón sin fin apareció nuevamente en los cielos, su cuerpo volvió a crecer y crecer hasta oscurecerlo todo una vez más, el descomunal odio casi podía olerse en el ambiente. Estos acontecimientos llenaron de tristeza y frustración al lobo mitad negro y mitad blanco, también conocido como el lobo de la armonía, no podía creer que sus hermanos fuesen incapaces de controlar sus instintos y mantener así la paz. Sin embargo, tras días de sufrimiento, afronto y asumió la pena que sentía y tomo una decisión, la única que podía tomar. Se marcho, el lobo mitad luz y mitad oscuridad dejo atrás a sus hermanos y se fue lejos de allí.
En su viaje, recorrió todo el mundo, escaló montañas, contempló los astros, lloró, rió, vivió una vida plena y disfrutó cada instante de su existencia, ni un solo día dejó de aprender, de hacerse mas sabio, aprendió los mecanismos secretos de la naturaleza, cultivo su cuerpo y su mente, y sintió toda la energía del universo brotar en su interior.
Hasta que una noche, mientras contemplaba fijamente la luna llena y aullaba de felicidad, su cuerpo empezó a crecer, de un modo inesperado sus extremidades se fueron alargando velozmente, después subió hasta el cielo y allí continúo creciendo, en pocos instantes sus cuatro patas fueron extendiéndose y extendiéndose hasta perderse bajo el cielo estrellado, se estaba convirtiendo en un lobo sin fin.
Una vez se hubo transformado, el antiguo lobo de la armonía, ahora convertido en un lobo sin fin, se desplazo por los cielos con un objetivo concreto, el dragón sin fin. Una vez frente a el, y tan solo con su presencia, el negro dragón se desintegro preso de un terror incontrolable, el poder de este nuevo ser sin fin parecía ilimitado.
Cuando sus hermanos vieron en lo que se había convertido, cesaron rápidamente la guerra, no podían dar crédito a lo que veían sus ojos, su hermano el lobo de la armonía, se había convertido en un lobo sin fin, su presencia hacía brillar el ancho cielo, daba la impresión de que las nubes se sentían felices con la llegada de aquel nuevo huésped.
Este acontecimiento totalmente inesperado, hizo que todo empezase a cambiar lentamente. El observar aquel hermoso lobo día y noche navegando por los cielos, sirvió a las dos clases de animales como ejemplo de lo que podían llegar a conseguir con esfuerzo, con tan solo mirarlo comprendieron que con tesón serian capaces de controlar su odio y de seguir el sendero de la armonía, pues este lobo sin fin se alimentaba de odio, pero también de amor, de alegría, tristeza y cualquier otra emoción que lobos blancos y negros pudiesen experimentar.
De esta manera, el esfuerzo y la lucha de un solo ser hizo que finalizase por fin la eterna batalla entre los lobos y que todo se mantuviese en perfecto equilibrio.


Ilustración: Vicentedamian

Texto: Moisés Rocamora

sábado, 3 de abril de 2010

Sin Miedo

El joven Hunter pensaba, en nada en concreto y en todo a la vez, todos hacemos eso, la mente jamás descansa, quizá un monje budista, un chamán o un yonqui puedan hacerlo, pero un muchacho de apenas veinte años metido a gangster, mitad por necesidad y mitad por hastío, en el Nueva York de los años veinte, no, ni tampoco la mayoría de nosotros. La mente no tiene un botón de apagado, o por lo menos no en este mundo, y como decía el viejo Neil, “Cuando la mente se toma un pequeño respiro es porque el alma toma el mando, y eso muchacho, puede ser mucho más jodido. Sin embargo, y aunque sea de gallinas, siempre se le pueda echar la culpa a esta pocilga en la que vivimos llamada mundo”.
Hunter no era un chaval muy listo, apenas sabía leer, tartamudeaba continuamente, y nunca parecía enterarse de nada, pero aun así, por alguna ilógica razón sabía de qué iba el juego, se daba cuenta de las cosas, de esas que la mayoría de ilustrados jactanciosos no parecen enterarse, sabía que la vida hay que tomársela con las dosis justas de seriedad, con una paciencia activa, sabía que los optimistas y apasionados no encajan bien los golpes, no tienen una buena defensa, y los pesimistas depresivos se caen a la lona antes de que empiece el combate, y se quedan allí tirados hasta que el estadio se vacía, esperando a que alguien venga a por ellos.
Hunter estaba pensando, su whiskey se acababa, pero no tenía importancia, el abuelo de la última mesa estaba a punto de levantarse, siempre lo hacía a la misma hora, luego volvería a su casa por el callejón, como hacía siempre, los ancianos se aferran a la rutina como un niño a su juguete preferido, como si pretendiesen así aburrir a la muerte, y verdaderamente a Hunter le aburría esa actitud, pero éste era su trabajo, el viejo tenía aspecto de bonachón, pero el chico era un tipo muy serio en su oficio, las preguntas carecen de interés, no quería saber nada de sus victimas. Limpio, rápido y sin extravagancias absurdas.
Nadie lo diría, o tal vez sí, el barman miraba a Hunter con extrañeza, en un primer vistazo su rostro lo dejaba claro, un bobo ingenuo, con sonrisa de tarado, que ha perdido su trabajo y va a buscar respuestas en el fondo de un vaso de whiskey al primer derechazo que le da la vida. Pero en un segundo vistazo, algo cambiaba, sus ojos eran enigmáticos, como los de un viejo zorro, su sonrisa era pura, inocente y al mismo tiempo sabia, con una aureola de apatía, de despreocupación, una despreocupación que le otorgaba una inteligencia superior con respecto a los allí presentes. Sí, hay cosas que importan, pero no lo suficiente como para que destruyan mi vida, solo yo tengo derecho a hacer eso.
El anciano se levantó, y Hunter notó un pequeño resquemor en el estómago, se sonrió, era su fuerza de voluntad, su absoluta seguridad, su fe en sí mismo, porque ahí estaba el secreto, en su fe, en la total confianza que ponía en cada uno de sus actos. Y es que, mientras que la mayor parte de la humanidad, a puesto siempre su fe a disposición de credos, dogmas o religiones con las que llenar sus huecas existencias, el joven Hunter cubría de fe cada poro de su cuerpo, cada pensamiento, cada movimiento, todo.
Por eso tenía a ese anciano balbuceante a escasos metros de distancia, por eso realizaba una media de cuatro trabajitos al día, mientras que Matty y el pobre Jimmy “el tuerto” se emborrachaban en la cantina de Joe, sin nada más que hacer.
Por este motivo, a pesar de la simpleza casi autista que parecía desprenderse del chaval, a pesar de sus gestos torpes y bobos, Hunter era el mejor en su oficio, sin dudas, sin remordimientos, carente de toda moral, sin miedo, siempre colmado de fe y seguridad en sí mismo. Es cierto, su oficio era cruel y despiadado, pero él no había hecho las normas, no era un santo, pero lo que hacía lo hacía a la perfección, el mejor del gremio.
Esa era la única virtud que poseía el bobo de Hunter, su fe. Je, no sé qué pensaría nuestro párroco, pero esto era así, el gangster ideal había de ser un gangster lleno de fe, la misma que pedía a sus fieles cada domingo, y es que todo tiene dos caras.
Cuando Hunter dobló la esquina, el viejo estaba a punto de salir del callejón e introducirse en la avenida, un disparo en la nuca lo impidió, era muy temprano, apenas se oyó, limpio y rápido.
Los que pierden el miedo conocen la fuerza aterradora de la fe.
El whiskey empezaba a sorber el hielo de su segunda copa, era hora de volver al tugurio.


Ilustración: Vicentedamián

Texto: Moisés Rocamora


jueves, 4 de marzo de 2010

Vejación

Cuando la pequeña Jasmila llego con su madre al viejo edificio de viviendas, la guerra aun no había estallado, pero era solo cuestión de tiempo, un halo de locura, odio y sangre ya casi podía apreciarse en el ambiente. Sarajevo era una gran bomba de relojería que podía estallar en cualquier momento. Algo la hizo detenerse a la entrada del edificio, una extraña sensación, miraba hacía arriba y en los desgastados contornos de aquella vieja construcción podía presentir algo, algo que la asustaba. Todo el edificio se le representaba como una humilde anciana azotada sin piedad por el paso del tiempo, una anciana bondadosa pero con un oscuro e inconfesable secreto durmiendo en su interior. La niña empezó a sentirse confusa.
-Cariño ¿qué ocurre? Es nuestro nuevo hogar.
Su madre se esforzaba día y noche en mostrarle normalidad y alegría. La repentina muerte de su padre, el desahucio de su lujosa casa, y el clima de tensión que se respiraba en las calles, suponían un reves demasiado grande para una niña de ocho años.
-No me gusta mama, quiero irme.
Su madre se arrodillo frente a Jasmila y acaricio su blanquecino y hermoso rostro.
-Tienes que ser fuerte hija mía, se que no es como nuestra casa, pero parece acogedora, pronto nos acostumbraremos, ya veras cariño.
Finalmente la niña agacho la cabeza y entro en el edificio, mas por complacer a su madre que por deseo propio, al cruzar el umbral de la puerta, esa extraña sensación aumento su intensidad, cerro los ojos, una sola palabra ocupo su pensamiento “tienes que ser fuerte”.
-En que puedo ayudarle señora.
Tras el mostrador de recepción apareció un anciano de unos ochenta años, su semblante parecía pacifico y acogedor, la niña se relajo ligeramente.
-Me llamo Hasija Solvanic y esta es mi hija Jasmila, hace unos días que terminaron nuestra mudanza, hoy veníamos a instalarnos.
El anciano saco del mostrador un viejo libro de notas y lo abrió con parsimonia.
-Bien veamos... Hasija y Jasmila Solvanic, correcto. Su nuevo hogar esta en la sexta planta, puerta B, aquí tienen las llaves, Mi nombre es Drazen y soy el casero, ante cualquier duda o problema solo tienen que llamarme.
Cuando empezaron a subir, Drazen clavo su mirada en Jasmila, en sus ojos no se entreveía nada de maldad, tan solo curiosidad y mucha preocupación, la niña volvió a sentirse confusa, desde la muerte de su padre, todo su mundo estaba cambiando, su realidad estaba adquiriendo tonos confusos e insólitos, y sentía que estos cambios no habían hecho mas que empezar.
Al caer la noche comenzó el tétrico espectáculo, mientras su madre dormía placidamente a su lado, la pequeña Jasmila empezó a escuchar ruidos, en un principio parecía el viento, pero lentamente fueron obteniendo las entonaciones de voces humanas, se asemejaban a gemidos, fueron aumentando su intensidad de un modo progresivo. En unos minutos ya se habían convertido en gritos de dolor y estaban instalados en su cerebro, la niña apretó la cabeza con sus manos y se encogió en la cama. Una orquesta de voces y alaridos retumbaba en su cabeza, formando una siniestra y abrupta sinfonía que ya no podía soportar. De pronto se hizo el silencio, todas las voces cesaron vertiginosamente, como si hubiesen surgido de una radio que alguien ha desenchufado. Antes de que pudiese parpadear un cuerpo deforme broto de la oscuridad de la habitación y alargo su brazo para atraparla, Jasmila salto hacía atrás y arrojo un grito estrepitoso. Seguidamente se vio llorando en los brazos de su madre, el rostro ensangrentado y desencajado de ese ser se había quedado incrustado en su mente.
-Tranquila cariño, solo ha sido una pesadilla.
Las palabras de su madre la relajaron, pero justo antes de dormirse recordó una cosa, eso que había visto y oído no podía ser una pesadilla, porque en ningún momento recordaba haber estado dormida.
Pasaron los días, una extraña normalidad se había apoderado del ambiente, el edificio y sus alrededores, el cielo, los árboles, la gente. Todo parecía haber adquirido un ligero tono de decrepitud, la realidad se había vuelto aséptica y mortecina, como proyectada por una vieja cámara cuyo rollo estuviese a punto de quebrarse. La pequeña Jasmila cambiaba al mismo tiempo que el mundo exterior, su rostro, ya de por sí blanquecino, era ahora tan refulgente como la nieve de enero, por su semblante daba la impresión de estar muy lejos de allí, en un mundo interior que pronto mostraría al mundo sus indescriptibles contornos.
Una mañana se rompió la normalidad. Mientras Hasija ojeaba el correo que había llegado a recepción, la niña se sintió atraída a salir al exterior, frente al viejo edificio había un rellano que un día fue parque de juegos para niños, pero que ahora parecía un desolador desierto desgarrado por hierros y cadenas oxidadas que una vez fueron columpios. Con paso decidido cruzo la puerta y se adentro en el parque, al hacerlo, un flash de luz cegadora se clavo en sus ojos, los gemidos de dolor volvieron a retumbar en su mente, en ese momento vio a un ser deforme acercarse por su izquierda, fue solo un segundo, pero sus formas viscosas e inhumanas se tatuaron a fuego en su joven mente. En ese preciso instante la primera bomba cayo a tan solo dos manzanas de allí, la guerra había estallado.
El estruendo de la bomba hizo que Hasija mirase de izquierda a derecha buscando a su hija, en ese momento Drazen gritó.
-¡¡Esta en el parque!!
El anciano y la mujer corrieron estrepitosamente hacía la niña, esta se encontraba arrodillada en el suelo y con los ojos en blanco, mientras de fondo, la sangre había comenzado a correr por las calles de Sarajevo.
Los médicos dijeron que tan solo se trataba de pequeños brotes de ansiedad causados por la reciente y terrible perdida de su padre. Pero los días pasaban y la niña empeoraba por momentos, las pesadillas y los desmayos se sucedían uno tras otro, apenas comía. En ocasiones a su madre le daba la impresión de que era la propia realidad sangrienta y brutal la que estaba engulléndole la vida a su hija.
Unos días después, Drazen toco la puerta B de la sexta planta a medianoche, cuando Hasija abrió la puerta, el anciano le dijo que tenía que contarle algo sumamente importante, la joven madre le invito a pasar, por alguna extraña razón le pareció haber estado esperando esta visita repentina del viejo casero.
-Lo que tengo que contarle creo que esta relacionado directamente con su hija, me crea o no debe conocer esta historia.
-Pase, yo también quería hablar con usted.
Entraron los dos a un diminuto salón iluminado con luz tenue, su aspecto era sumamente sencillo pero muy acogedor, momentos después Hasija trajo un poco de café.
-Usted lleva muchos años trabajando aquí ¿verdad?
Rompió el silencio Hasija con una mezcla de preocupación y ansiedad.
-Prácticamente toda mi vida.
-Entonces puede decirme que ocurre en este edificio, nada más entrar lo notamos, el ambiente que se respira aquí es distinto. No podría explicarlo, pero aquí ocurre algo y es posible que ese algo este afectando a mi hija ¿no es cierto?, vera, nunca he sido muy crédula ni supersticiosa, pero en los últimos días han ocurrido cosas que... no tienen explicación.
-Voy a limitarme a contarle lo que he sentido, lo que he intuido y lo que he visto en los años que llevo trabajando aquí. Cuando lo escuche, es posible que piense que no soy más que un anciano demente que ha pasado demasiado tiempo encerrado en este viejo edificio, no puedo afirmar que lo que le voy a contar sea cierto, pero si no lo fuese, existirían demasiadas piezas por encajar.
-Explíquese por favor.
Hasija empezó a temblar débilmente, las palabras del anciano parecían cargadas de sabiduría y verdad, y eso la asustaba.
-Desde niño he tenido la extraña capacidad de percibir cosas que el resto de la gente ni tan siquiera intuía, a día de hoy aun no se si es un don o una maldición. En este edificio he visto cosas que desearía no haber visto nunca...
-Por favor, cuénteme que es eso que ha visto.
-Hace miles de años en este mismo lugar, bajo los cimientos de este edificio, se perpetró uno de los peores actos cometidos por la humanidad, fue una batalla cruenta y atroz que el hombre, por vergüenza, decidió hundir en el abismo de la historia, fue una época en la que el ser humano aun tenía mucho de animal salvaje, de ser instintivo e irracional.
Pero esa batalla, además de una masacre como nadie ha visto jamás, además de un nauseabundo espectáculo de sangre y vísceras que enfrento a todo el planeta, fue también el acto mas perverso y sádico cometido nunca por la raza humana.
En el eterno transcurso de esta bárbara contienda, cientos de hombres tomaron y denigraron hasta lo indecible a una niña de ocho años, la violaron, la vejaron y la torturaron hasta que murió ahogada por su propia sangre.
Los ojos de Hasija se tornarón vidriosos, se abrazo a si misma, como si el fuerte frío del exterior hubiese penetrado en sus huesos.
-Después se supo que esa niña, no era una niña normal, las personas que la conocieron y que convivieron con ella decían que era una niña especial, en su tribu se la consideraba como una enviada del cielo, una niña que representaba la luz, la bondad y la pureza absolutas, y que había nacido en la tierra para humanizar a los hombres.
Las leyendas de esa tribu decían, que la propia naturaleza, sabia e infinita, había engendrado a esa niña para hacer avanzar a la especie humana, para convertir a esos seres salvajes en sabios bondadosos capaces de convertir el planeta en un autentico edén. Sin embargo, aquella primigenia especie humana, respondió de ese modo maléfico y sanguinario a tan hermoso regalo de la madre naturaleza. En un principio no, pero con el paso de los años, toda la humanidad empezó a ser consciente de la magnitud de lo que ocurrió en esa batalla, una vergüenza y un sentimiento de culpa gigantescos se apodero de todo el planeta, por unanimidad se decidió enterrar este acto en el abismal pozo del olvido, pero... la naturaleza no olvida.
El silencio volvió a inundar la habitación, Drazen tenía la vista perdida, parecía estar sufriendo con cada una de las palabras que decía.
-Termine de contar la historia, por favor.
-Ah... si, perdone. De este modo, la naturaleza, con sus secretos mecanismos, decidió castigar este brutal acto. Y el castigo fue y es esta tierra, este trozo de tierra esta maldito, todo el mal que el ser humano mostró en esa batalla sigue anidando en las entrañas de esta tierra, en cada rendija de este edificio, siempre ha estado latiente, pero desde hace unos días se ha vuelto a activar.
-¿Desde que llegamos mi hija y yo?
-Exactamente.
-Pero ¿qué tiene que ver todo esto con nosotras? ¿y de donde ha sacado usted toda esta historia?
-Jum, es normal que no me crea.
El anciano dio un pequeño sorbo a su taza de café, apoyo la espalda en el respaldo del sillón y volvió a perder su mirada en el vacío, su semblante se torno triste y melancólico.
-Desde que llegue a este edificio no han cesado mis visiones, toda esta historia me ha sido revelada en fragmentos desordenados, mediante sensaciones, mediante olores, mediante experiencias, año tras año sentía nuevos pedazos de esta cruel historia, como una película desordenada e incoherente que una conciencia perversa me mostrase en imperceptibles flashes de luz. Y poco a poco he conseguido atar casi todos los cabos.
-¿Y en que parte de la historia entramos mi hija y yo?
-¿Qué edad tiene su hija?
-Ocho años.
-Al igual que la niña que denigraron nuestros antepasados.
Hasija se quedo en silencio, sutilmente el temblor de su cuerpo empezó a aumentar de intensidad.
-Vera, los niños poseen una pureza que nosotros los adultos nunca jamás recuperaremos, poseen una ingenuidad que los hace mas sabios, y aunque en muchas ocasiones no puedan expresarlo racionalmente, son capaces de intuir cosas que nadie mas podría. Los niños pueden ver lo que aquí habita, pueden ver la sangrienta locura que inunda el edificio. Lo he visto año tras año, todas las familias que se instalaban aquí con niños pequeños acababan marchándose a los pocos meses. Decían que su hijo había enfermado, pero todo era por culpa de malévolo secreto que aquí se oculta.
Ambos se miraron, mientras un silencio sepulcral cubría la habitación.
-Y... y suponiendo que todo lo que me ha dicho fuese verdad ¿qué destino le aguarda a mi hija si permanecemos en el edificio?
-El otro día, cuando la niña se desmayo en el parque, tuve una nueva visión...
En ese preciso instante estallo una bomba a pocos metros del edificio, toda la construcción vibró como si hubiese sido poseída por un radiación eléctrica, Drazen y Hasija se acercaron temblorosos a la ventana. Acto seguido un grito de dolor surgió de la habitación de Jasmila. Al llegar allí la vieron levitando sobre la cama, su brazo izquierdo parecía que fuese a partirse, daba la impresión de que un ser sin forma estuviese tirando de el con todas sus fuerzas, y su pelo se expandía hacía la derecha como si alguien o algo que nadie podía ver tratase de arrancárselo. La niña, a pesar de tener los ojos vidriosos, parecía serena, en sus facciones podía distinguirse la triste sobriedad de quien enfila el abismo, asumiéndolo como el único destino posible.
Su madre dio un salto y la arranco de la cama, la estrecho en sus brazos mientras trataba de tranquilizarla.
-Ma... mama, es culpa mía, han despertado, ya están despiertos los siete.
Los tres se quedaron en silencio, la niña, agotada, se durmió en el regazo de su madre, segundos después volvió a acostarla. Hasija ya no pudo mas, se arrodillo al pie de la cama y rompió a llorar.
-¿Qué le ocurre a mi hija?
-Mañana por la mañana será mejor que se marchen. A primera hora tratare de buscarles un hotel lejos de aquí y de esta guerra salvaje.
-¿Qué visión tuvo el otro día? Termine de contarlo.
Drazen se quedo en silencio y agacho la cabeza, la joven madre se seco las lagrimas y se planto junto al casero.
-Termine la historia por favor.
-Si se marchan cuanto antes, ya nada importara el final de esta historia.
-Necesito saber que le ocurre a mi hija. ¿Qué quiso decir con eso de que ya están despiertos los siete?
Drazen empezó a temblar.
-Lujuria, gula, pereza, ira, avaricia... los siete pecados capitales, los guías, los guardianes de todo este mal, de toda esta oscuridad. Si ellos han despertado tan solo nos queda huir.
El viejo casero agacho una vez más la cabeza y se dirigió lentamente hacía la puerta de salida, pero justo antes de abrirla.
-Necesito conocer su última visión, no olvide que se trata de mi hija. Hace unos minutos estaba levitando encima de la cama. Su historia es totalmente increíble, pero dada la situación es lo más coherente que he escuchado en los últimos días y necesito saber como acaba esto ¡Por favor!
El rostro del anciano volvió a exorcizar una solemnidad siniestra.
-Todo surge de la imaginación de Jasmila, esa imaginación que habría de ser una bendición puede llevarla a la muerte. El espíritu se expresa mediante sentimientos, pero para que esos sentimientos adquieran forma se necesita imaginación. Por ejemplo, yo he sentido toda la cruel batalla de nuestros antepasados en mi propio cuerpo, he experimentado mil y una sensaciones que me han ayudado a comprender toda esta cruel historia, pero no he podido vislumbrar ninguna imagen, mi imaginación esta dormida. En cambio la de Jasmila no, ella no solo lo siente también lo ve.
El problema es que la imaginación también se alimenta de la experiencia, de lo que vemos y sentimos en el día a día, y lo que la niña ve a día de hoy es una guerra atroz e irracional.
-¿Qué esta tratando de decirme?
-Que la imaginación que su hija posee es tan poderosa que esta comunicando este espacio tiempo, el presente, con otro espacio tiempo, el pasado, ese pasado sanguinario y perverso que la humanidad ha tratado de olvidar. El don que tiene la niña consigue que su mundo de horror se alimente de la realidad exterior y viceversa.
Ambos se quedaron en silencio mientras se miraban fijamente, el rostro de Hasija parecía oprimido por una angustia ilimitada. Drazen abrió lentamente la puerta.
-Si no se marchan pronto, se rasgara el velo del tiempo, pasado y presente se unirán. Será el fin de todo lo que conocemos, aun no es tarde... Mañana a primera hora nos veremos por última vez... buenas noches.
El casero se marcho lentamente, una vez cerrada la puerta, Hasija se arrodillo frente a ella y rompió a llorar nuevamente. Un maremagno de confusión, impotencia y dolor empezó a devorar todo su cuerpo.
Al día siguiente, cuando todavía no se había diluido el alba, madre e hija se plantaron frente al mostrador de recepción de Drazen con las maletas a sus pies, el semblante del anciano mostraba cansancio y angustia, no había conseguido dormir en toda la noche. La pequeña Jasmila parecía un muerto viviente, de todo su cuerpo emergía un halo invisible de tristeza, una tristeza infinita que parecía extenderse por todo el ambiente como una serpiente silenciosa.
Hasija entrego las llaves de la habitación al casero, este agarro su mano y la acaricio tiernamente.
-Tranquila... ya ha pasado todo, ahora podrán comenzar una nueva vida lejos de aquí.
Se observaron en silencio. Aunque trataba de hacerlo con todas sus fuerzas, Drazen no terminaba de creerse sus propias palabras, algo en su interior le decía que ya no había vuelta atrás, ya nada podía detener el mal ilimitado que rezumaba en todo el edificio. Hasija le esbozo un leve sonrisa. En ese instante la niña miro a su madre y dijo con absoluta serenidad.
-Lo siento mama, ya no puedo quedarme más, es hora de irme.
Acto seguido empezó a correr hacía el derruido parque de la entrada, Hasija lanzo un grito de pavor y trato de detenerla. De pronto cuando la niña llego al centro del parque el tiempo pareció detenerse, el cielo se oscureció, toda la realidad empezó a contraerse, el sol aumento su tamaño y comenzó a abrir pequeñas brechas en el espacio. Todo cuanto les rodeaba se expandía y se contraía siguiendo un ritmo siniestro. Era como si la realidad que conocían estuviese incrustada dentro de un gigantesco corazón a punto de dar sus últimos latidos. En ese momento cientos, miles, millones de gritos de dolor estallaron del interior de la niña, daba la impresión de que esa pobre criatura guardase en su interior la angustia y el desespero de todo el universo.


En una milésima de segundo cientos de brazos deformes atraparon a la niña y la embutieron bajo tierra, antes de desaparecer por completo, Jasmila observo a su madre con lagrimas en los ojos y una pequeña sonrisa repleta de paz.
Toda la realidad recupero de pronto su aspecto habitual, un pequeño aroma a vida envolvió la mañana. Hasija se arrodillo en la pequeña porción de tierra donde acababa de desaparecer su hija y dejo salir el infinito dolor que dormía en su alma, primero lanzo un grito desconsolado y luego observo hacía el suelo enmudecida y con lagrimas en los ojos. Segundos después Drazen se arrodillo a su lado y la abrazo.
-El sentido de la justicia que posee la naturaleza sigue escapando a nuestro entendimiento.

Ilustración: Vicentedamián
Texto:
Moisés Rocamora

jueves, 7 de enero de 2010

Peculiaridad

-La gente quiere sentirse especial, cada uno quiere ser diferente al resto, tener cualquier don o peculiaridad que le haga sobresalir de la masa, y ahí precisamente es donde existe el riesgo, en la masa. Si ella no acepta tus peculiaridades, si no encajan dentro de cualquiera de sus estrechos parámetros, o simplemente no los comprende o los considera peligrosos, estas jodido, entonces puedes pasar de sentirte especial a sentirte un apestado con el que nadie quiere relacionarse. Aunque eso tiene una única solución... creértelo, creer en ti mismo, aceptarte, aceptar lo que eres sin pensar en nadie mas que en ti. Lo cual ofrece a su vez un pequeño problemilla, el ser uno mismo sin ningún tipo de mascara, conlleva soledad e incomprensión, y para asumir ambas cosas sin perder la cabeza, hace falta algo... cojones, cojones, ¡cojones!

Pero Philip no tenía cojones, noche tras noche se repetía este pensamiento, lo había memorizado, aprobado en teoría y perpetuo suspenso en práctica. Cada noche era un examen destinado al fracaso, un grito desesperado por ser aceptado, que nadie parecía oír.

Y es que el chico era especial, era un vampiro, la vergüenza de su raza, se decía continuamente. Un chupasangre con todas las de la ley, aprensión a la luz del día, a los ajos y a los crucifijos, y debilidad por la sangre fresca, la noche y los lugares cerrados.

A los quince años una hermosa joven le mordió en un sucio callejón. –Te concedo este don. Le dijo, una gran putada, pensaba el, jamás la volvió a ver, de vez en cuando la recordaba con una rara ternura. Pero Philip no era ningún romántico, no dormía en ningún ataúd, tenía un colchón y una almohada en el armario, no iba mordiendo a adolescentes por las noches, Lou, el viejo carnicero, les suministraba sangre de buey sin hacer preguntas. No tenía amigos, intentaba ser lo menos social posible, sabía que su peculiaridad no le permitiría nunca llevar una vida normal.

En ocasiones pensó en hacerse fan de Bram Stoker, de Bela Lugosi, de Christopher Lee y de todo lo relacionado con el vampirismo, para tratar así de encontrarle algún tipo de glamour o interés a su condición, pero nunca funciono, definitivamente Philip no era ningún romántico, no tenía interés por nada, nada le motivaba, y para colmo no tenía cojones.

-Puta mierda, “en la vida hay que tener cojones muchacho, hay que ser fuerte”, siempre la misma historia, “hay que ser fuerte, hay que ser fuerte”, ¿y los débiles?, ¿qué pasa con ellos?, la vida es como el teniente sin escrúpulos de un enorme ejercito, solo selecciona a los fuertes, y a los débiles los abandona a su suerte, los deja en tierra de nadie y son bombardeados por el enemigo. Puta mierda, la vida es una gran guerra y yo soy pacifista.

Pero Philip no era pacifista, Philip era un cobarde y el lo sabía, un chico totalmente hueco con el don de la inmortalidad, don que descubrió suicidándose, el peor momento para descubrir que uno no puede morir, de todos modos lo intentaba unas dos veces al año, por si acaso. –Mi vida carece de sentido y durara eternamente.

Sin embargo el sentido tenía nombre y apellidos, Linda Graham, y fue una noche al localucho donde trabajaba el joven vampiro. Un vampiro humorista, un chiste sin gracia, la vergüenza de los de su especie. Por razones insondables su patética autocompasión había llegado a tal extremo que, en esa cima apestosa de la cobardía y la frustración en la que se encontraba, hallo un don, su único don verdadero, el de hacer reír, reírse de todos y principalmente de sí mismo. Un trabajo nocturno, dos actuaciones de media hora, y un sueldo aceptable, no estaba mal para un vampiro adolescente sin autoestima y esclavo de su eterna peculiaridad. La gente se divertía con el, debido seguramente a una extraña mezcla de humor y compasión. Aunque, al final de cada actuación, Philip se sentía como una vieja marioneta, como el peluche favorito de un niño cuando es sustituido por otro nuevo y lanzado a la basura, así se sentía, lanzado a la basura noche tras noche, les divertía durante un rato y luego le olvidaban por completo y le sustituían por otro, alguien inmortal destinado a no perdurar en el recuerdo de nadie.

Linda Graham, llevaba un par de semanas viniendo a cada actuación del vampiro, estaba claro que solo venía a verlo a el. Era una mujer cercana a los cuarenta, dueña y señora de esa rara belleza que funde a la perfección la inocencia y la candidez de la juventud, con la sabiduría y la armonía de la edad adulta. De su cuerpo curvilíneo surgía una magnética mezcla de glamour y sencillez, todo un enigma para el amargado de Philip, y al mismo tiempo, su salvación.

La mujer solo tenía ojos para el chico, continuamente buscaba su mirada temerosa, le sonreía, le guiñaba el ojo, pero este era demasiado cobarde para hacer nada al respecto, empezó a soñar con ella durante todo el día, se estaba enamorando, ¡increíble! se dijo. Por lo menos tenía la capacidad de amar.

Los sueños fueron el principio de todo, estos se fueron volviendo cada vez mas extraños, imágenes y sensaciones nunca antes vistas ni sentidas se colaban inesperadamente en sus sesiones imaginarias de sexo y amor con Linda a la luz de las velas, el firmamento sin fin, un hombre desnudo despedazando a un extraño animal con sus propias manos, su propio cuerpo desapareciendo ante el, y mil y una visiones mas que no conseguía recordar. Tan solo una frase se mantuvo en su cerebro al despertarse un día en la oscuridad de su armario, un pensamiento que se sorprendio de pensar. –Soy inmortal, por lo tanto necesito algo inmortal que llene mi vida ¡El amor!

Esta reflexión fue el pistoletazo de salida para una serie de inexplicables cambios en el interior del vampiro, de pronto se sentía fuerte, seguro de sí mismo, la sangre le hervía por todo el cuerpo, sentía un amor desbocado por todo lo que le rodeaba, pero al mismo tiempo tenía la necesidad enfermiza de sangre y violencia... era la hora de pasar a la acción.

Linda le sonrió una noche al acabar su actuación, era una sonrisa especial, distinta a todas las que había mostrado hasta ahora, Philip lo noto al instante, después la mujer movió sensualmente sus labios y susurro Te quiero, para sus adentros, el corazón del chico lo oyó, estaba a punto de estallar.

Minutos después, el vampiro mas cobarde de la historia conjuro de la nada un valor inexplicable y se planto ante su amada, Linda sonreía segura de sí misma, no parecía sorprendida en absoluto. Se presentaron, tomaron varias copas, fumaron un cigarrillo tras otro, y hablaron, hablaron durante horas, contaron anécdotas divertidas, contaron episodios trágicos de su vida, pequeños detalles. De un modo espontáneo y natural cada uno fue mostrando su personalidad al otro sin ningún tipo de mascara, lloraron, rieron, y finalmente se dieron un intenso y ardiente beso en la soledad decadente del local, Philip se había enamorado.

Pero Philip ansiaba violencia, todo su ser clamaba a gritos borbotones de sangre fresca deslizándose espesa y ennegrecida por la piel de Linda, la amaba profundamente, pero al mismo tiempo se excitaba en macabros delirios en los que la descuartizaba y la engullía a salvajes mordiscos como si fuese una exquisita flor muerta. –La amo, la quiero matar, la amo, la quiero matar, la amo, la quiero matar. El chico se encontraba confundido, paralizado por una extraña mezcla de miedo y placer. –Para esto hace falta cojones, ¡cojones!

Dieron las dos de la madrugada, salieron a la calle, la gélida noche les aguardaba envuelta en una neblina abismal, caminaron en silencio agarrados de la mano.

-Ya no estas en tierra de nadie, has vuelto a entrar en el juego, ahora debes decidir si amarme o matarme.

Después de pronunciar estas palabras, Linda se detuvo y encendió un cigarrillo, su rostro perdió de súbito parte del candor que tenía hace un instante, Philip parecía haber dejado de respirar.

-¿Qué... que quieres decir?

-Las cosas funcionan así mi vida, no se puede ser neutral. La sociedad actual quiere que lo seamos, pero siempre surge un instinto opuesto que reactiva la batalla, nuestra naturaleza no nos permite ser neutrales.

Las palabras salían de su boca con una cadencia apagada y monótona, como si formaran parte de una rutina diaria mil veces repetida.

-¿De que estas hablando?

-¿Aun no lo sabes? Piensa en tu vida antes de que yo apareciese en ella, no era nada, habías perdido la capacidad de sentir, de amar, de odiar, solo eras un parásito mudo que veía pasar los días con total indiferencia, una rata cobarde escondida en su madriguera, estabas en tierra de nadie, eras un muerto que respiraba. Piensa en ello, jum, un vampiro humorista, ¿dónde se había visto eso?

-¿Cómo sabes todo eso?

Philip empezó a temblar, su semblante cambio por completo, la tensión pareció iluminarle los ojos.

-No lo se, pero me lo imagino, la historia siempre se repite. Como te he dicho antes, estabas en tierra de nadie, incapaz de sentir nada. Entonces aparecí yo y desperté tu bondad, el bien (tu amor hacia mi), lo cual, a su vez, y por ley natural, despertó a tu opuesto, tu maldad, el mal (el vampiro), y de este modo... vuelves a sentir, vuelves a estar vivo, vuelves a la batalla.

Philip sonrió, la luna se reflejo en uno de sus colmillos.

-¿Quién eres realmente?

Linda apago el cigarrillo y perdió su mirada en la penumbra.

-Un arquetipo, supongo, en realidad no lo se, siempre adquiero distintas formas, aunque muy parecidas en el fondo, tu me has creado, tu lo debes saber mejor que yo.

Se observaron sin mediar palabra, el rostro del vampiro palideció.

-Ya empiezo a comprender.

-Ahora ya podrás aceptar tu don, ahora mostraras tu peculiaridad al mundo sin ningún temor.

-Je,... si puede darme mucho juego para la actuación de mañana.

Se hizo un silencio, segundos después Philip se abalanzo sobre Linda, esta lanzo una carcajada que se ahogo en la negrura de la noche.


Ilustración: vicentedamian

Texto: Moisés Rocamora