jueves, 4 de marzo de 2010

Vejación

Cuando la pequeña Jasmila llego con su madre al viejo edificio de viviendas, la guerra aun no había estallado, pero era solo cuestión de tiempo, un halo de locura, odio y sangre ya casi podía apreciarse en el ambiente. Sarajevo era una gran bomba de relojería que podía estallar en cualquier momento. Algo la hizo detenerse a la entrada del edificio, una extraña sensación, miraba hacía arriba y en los desgastados contornos de aquella vieja construcción podía presentir algo, algo que la asustaba. Todo el edificio se le representaba como una humilde anciana azotada sin piedad por el paso del tiempo, una anciana bondadosa pero con un oscuro e inconfesable secreto durmiendo en su interior. La niña empezó a sentirse confusa.
-Cariño ¿qué ocurre? Es nuestro nuevo hogar.
Su madre se esforzaba día y noche en mostrarle normalidad y alegría. La repentina muerte de su padre, el desahucio de su lujosa casa, y el clima de tensión que se respiraba en las calles, suponían un reves demasiado grande para una niña de ocho años.
-No me gusta mama, quiero irme.
Su madre se arrodillo frente a Jasmila y acaricio su blanquecino y hermoso rostro.
-Tienes que ser fuerte hija mía, se que no es como nuestra casa, pero parece acogedora, pronto nos acostumbraremos, ya veras cariño.
Finalmente la niña agacho la cabeza y entro en el edificio, mas por complacer a su madre que por deseo propio, al cruzar el umbral de la puerta, esa extraña sensación aumento su intensidad, cerro los ojos, una sola palabra ocupo su pensamiento “tienes que ser fuerte”.
-En que puedo ayudarle señora.
Tras el mostrador de recepción apareció un anciano de unos ochenta años, su semblante parecía pacifico y acogedor, la niña se relajo ligeramente.
-Me llamo Hasija Solvanic y esta es mi hija Jasmila, hace unos días que terminaron nuestra mudanza, hoy veníamos a instalarnos.
El anciano saco del mostrador un viejo libro de notas y lo abrió con parsimonia.
-Bien veamos... Hasija y Jasmila Solvanic, correcto. Su nuevo hogar esta en la sexta planta, puerta B, aquí tienen las llaves, Mi nombre es Drazen y soy el casero, ante cualquier duda o problema solo tienen que llamarme.
Cuando empezaron a subir, Drazen clavo su mirada en Jasmila, en sus ojos no se entreveía nada de maldad, tan solo curiosidad y mucha preocupación, la niña volvió a sentirse confusa, desde la muerte de su padre, todo su mundo estaba cambiando, su realidad estaba adquiriendo tonos confusos e insólitos, y sentía que estos cambios no habían hecho mas que empezar.
Al caer la noche comenzó el tétrico espectáculo, mientras su madre dormía placidamente a su lado, la pequeña Jasmila empezó a escuchar ruidos, en un principio parecía el viento, pero lentamente fueron obteniendo las entonaciones de voces humanas, se asemejaban a gemidos, fueron aumentando su intensidad de un modo progresivo. En unos minutos ya se habían convertido en gritos de dolor y estaban instalados en su cerebro, la niña apretó la cabeza con sus manos y se encogió en la cama. Una orquesta de voces y alaridos retumbaba en su cabeza, formando una siniestra y abrupta sinfonía que ya no podía soportar. De pronto se hizo el silencio, todas las voces cesaron vertiginosamente, como si hubiesen surgido de una radio que alguien ha desenchufado. Antes de que pudiese parpadear un cuerpo deforme broto de la oscuridad de la habitación y alargo su brazo para atraparla, Jasmila salto hacía atrás y arrojo un grito estrepitoso. Seguidamente se vio llorando en los brazos de su madre, el rostro ensangrentado y desencajado de ese ser se había quedado incrustado en su mente.
-Tranquila cariño, solo ha sido una pesadilla.
Las palabras de su madre la relajaron, pero justo antes de dormirse recordó una cosa, eso que había visto y oído no podía ser una pesadilla, porque en ningún momento recordaba haber estado dormida.
Pasaron los días, una extraña normalidad se había apoderado del ambiente, el edificio y sus alrededores, el cielo, los árboles, la gente. Todo parecía haber adquirido un ligero tono de decrepitud, la realidad se había vuelto aséptica y mortecina, como proyectada por una vieja cámara cuyo rollo estuviese a punto de quebrarse. La pequeña Jasmila cambiaba al mismo tiempo que el mundo exterior, su rostro, ya de por sí blanquecino, era ahora tan refulgente como la nieve de enero, por su semblante daba la impresión de estar muy lejos de allí, en un mundo interior que pronto mostraría al mundo sus indescriptibles contornos.
Una mañana se rompió la normalidad. Mientras Hasija ojeaba el correo que había llegado a recepción, la niña se sintió atraída a salir al exterior, frente al viejo edificio había un rellano que un día fue parque de juegos para niños, pero que ahora parecía un desolador desierto desgarrado por hierros y cadenas oxidadas que una vez fueron columpios. Con paso decidido cruzo la puerta y se adentro en el parque, al hacerlo, un flash de luz cegadora se clavo en sus ojos, los gemidos de dolor volvieron a retumbar en su mente, en ese momento vio a un ser deforme acercarse por su izquierda, fue solo un segundo, pero sus formas viscosas e inhumanas se tatuaron a fuego en su joven mente. En ese preciso instante la primera bomba cayo a tan solo dos manzanas de allí, la guerra había estallado.
El estruendo de la bomba hizo que Hasija mirase de izquierda a derecha buscando a su hija, en ese momento Drazen gritó.
-¡¡Esta en el parque!!
El anciano y la mujer corrieron estrepitosamente hacía la niña, esta se encontraba arrodillada en el suelo y con los ojos en blanco, mientras de fondo, la sangre había comenzado a correr por las calles de Sarajevo.
Los médicos dijeron que tan solo se trataba de pequeños brotes de ansiedad causados por la reciente y terrible perdida de su padre. Pero los días pasaban y la niña empeoraba por momentos, las pesadillas y los desmayos se sucedían uno tras otro, apenas comía. En ocasiones a su madre le daba la impresión de que era la propia realidad sangrienta y brutal la que estaba engulléndole la vida a su hija.
Unos días después, Drazen toco la puerta B de la sexta planta a medianoche, cuando Hasija abrió la puerta, el anciano le dijo que tenía que contarle algo sumamente importante, la joven madre le invito a pasar, por alguna extraña razón le pareció haber estado esperando esta visita repentina del viejo casero.
-Lo que tengo que contarle creo que esta relacionado directamente con su hija, me crea o no debe conocer esta historia.
-Pase, yo también quería hablar con usted.
Entraron los dos a un diminuto salón iluminado con luz tenue, su aspecto era sumamente sencillo pero muy acogedor, momentos después Hasija trajo un poco de café.
-Usted lleva muchos años trabajando aquí ¿verdad?
Rompió el silencio Hasija con una mezcla de preocupación y ansiedad.
-Prácticamente toda mi vida.
-Entonces puede decirme que ocurre en este edificio, nada más entrar lo notamos, el ambiente que se respira aquí es distinto. No podría explicarlo, pero aquí ocurre algo y es posible que ese algo este afectando a mi hija ¿no es cierto?, vera, nunca he sido muy crédula ni supersticiosa, pero en los últimos días han ocurrido cosas que... no tienen explicación.
-Voy a limitarme a contarle lo que he sentido, lo que he intuido y lo que he visto en los años que llevo trabajando aquí. Cuando lo escuche, es posible que piense que no soy más que un anciano demente que ha pasado demasiado tiempo encerrado en este viejo edificio, no puedo afirmar que lo que le voy a contar sea cierto, pero si no lo fuese, existirían demasiadas piezas por encajar.
-Explíquese por favor.
Hasija empezó a temblar débilmente, las palabras del anciano parecían cargadas de sabiduría y verdad, y eso la asustaba.
-Desde niño he tenido la extraña capacidad de percibir cosas que el resto de la gente ni tan siquiera intuía, a día de hoy aun no se si es un don o una maldición. En este edificio he visto cosas que desearía no haber visto nunca...
-Por favor, cuénteme que es eso que ha visto.
-Hace miles de años en este mismo lugar, bajo los cimientos de este edificio, se perpetró uno de los peores actos cometidos por la humanidad, fue una batalla cruenta y atroz que el hombre, por vergüenza, decidió hundir en el abismo de la historia, fue una época en la que el ser humano aun tenía mucho de animal salvaje, de ser instintivo e irracional.
Pero esa batalla, además de una masacre como nadie ha visto jamás, además de un nauseabundo espectáculo de sangre y vísceras que enfrento a todo el planeta, fue también el acto mas perverso y sádico cometido nunca por la raza humana.
En el eterno transcurso de esta bárbara contienda, cientos de hombres tomaron y denigraron hasta lo indecible a una niña de ocho años, la violaron, la vejaron y la torturaron hasta que murió ahogada por su propia sangre.
Los ojos de Hasija se tornarón vidriosos, se abrazo a si misma, como si el fuerte frío del exterior hubiese penetrado en sus huesos.
-Después se supo que esa niña, no era una niña normal, las personas que la conocieron y que convivieron con ella decían que era una niña especial, en su tribu se la consideraba como una enviada del cielo, una niña que representaba la luz, la bondad y la pureza absolutas, y que había nacido en la tierra para humanizar a los hombres.
Las leyendas de esa tribu decían, que la propia naturaleza, sabia e infinita, había engendrado a esa niña para hacer avanzar a la especie humana, para convertir a esos seres salvajes en sabios bondadosos capaces de convertir el planeta en un autentico edén. Sin embargo, aquella primigenia especie humana, respondió de ese modo maléfico y sanguinario a tan hermoso regalo de la madre naturaleza. En un principio no, pero con el paso de los años, toda la humanidad empezó a ser consciente de la magnitud de lo que ocurrió en esa batalla, una vergüenza y un sentimiento de culpa gigantescos se apodero de todo el planeta, por unanimidad se decidió enterrar este acto en el abismal pozo del olvido, pero... la naturaleza no olvida.
El silencio volvió a inundar la habitación, Drazen tenía la vista perdida, parecía estar sufriendo con cada una de las palabras que decía.
-Termine de contar la historia, por favor.
-Ah... si, perdone. De este modo, la naturaleza, con sus secretos mecanismos, decidió castigar este brutal acto. Y el castigo fue y es esta tierra, este trozo de tierra esta maldito, todo el mal que el ser humano mostró en esa batalla sigue anidando en las entrañas de esta tierra, en cada rendija de este edificio, siempre ha estado latiente, pero desde hace unos días se ha vuelto a activar.
-¿Desde que llegamos mi hija y yo?
-Exactamente.
-Pero ¿qué tiene que ver todo esto con nosotras? ¿y de donde ha sacado usted toda esta historia?
-Jum, es normal que no me crea.
El anciano dio un pequeño sorbo a su taza de café, apoyo la espalda en el respaldo del sillón y volvió a perder su mirada en el vacío, su semblante se torno triste y melancólico.
-Desde que llegue a este edificio no han cesado mis visiones, toda esta historia me ha sido revelada en fragmentos desordenados, mediante sensaciones, mediante olores, mediante experiencias, año tras año sentía nuevos pedazos de esta cruel historia, como una película desordenada e incoherente que una conciencia perversa me mostrase en imperceptibles flashes de luz. Y poco a poco he conseguido atar casi todos los cabos.
-¿Y en que parte de la historia entramos mi hija y yo?
-¿Qué edad tiene su hija?
-Ocho años.
-Al igual que la niña que denigraron nuestros antepasados.
Hasija se quedo en silencio, sutilmente el temblor de su cuerpo empezó a aumentar de intensidad.
-Vera, los niños poseen una pureza que nosotros los adultos nunca jamás recuperaremos, poseen una ingenuidad que los hace mas sabios, y aunque en muchas ocasiones no puedan expresarlo racionalmente, son capaces de intuir cosas que nadie mas podría. Los niños pueden ver lo que aquí habita, pueden ver la sangrienta locura que inunda el edificio. Lo he visto año tras año, todas las familias que se instalaban aquí con niños pequeños acababan marchándose a los pocos meses. Decían que su hijo había enfermado, pero todo era por culpa de malévolo secreto que aquí se oculta.
Ambos se miraron, mientras un silencio sepulcral cubría la habitación.
-Y... y suponiendo que todo lo que me ha dicho fuese verdad ¿qué destino le aguarda a mi hija si permanecemos en el edificio?
-El otro día, cuando la niña se desmayo en el parque, tuve una nueva visión...
En ese preciso instante estallo una bomba a pocos metros del edificio, toda la construcción vibró como si hubiese sido poseída por un radiación eléctrica, Drazen y Hasija se acercaron temblorosos a la ventana. Acto seguido un grito de dolor surgió de la habitación de Jasmila. Al llegar allí la vieron levitando sobre la cama, su brazo izquierdo parecía que fuese a partirse, daba la impresión de que un ser sin forma estuviese tirando de el con todas sus fuerzas, y su pelo se expandía hacía la derecha como si alguien o algo que nadie podía ver tratase de arrancárselo. La niña, a pesar de tener los ojos vidriosos, parecía serena, en sus facciones podía distinguirse la triste sobriedad de quien enfila el abismo, asumiéndolo como el único destino posible.
Su madre dio un salto y la arranco de la cama, la estrecho en sus brazos mientras trataba de tranquilizarla.
-Ma... mama, es culpa mía, han despertado, ya están despiertos los siete.
Los tres se quedaron en silencio, la niña, agotada, se durmió en el regazo de su madre, segundos después volvió a acostarla. Hasija ya no pudo mas, se arrodillo al pie de la cama y rompió a llorar.
-¿Qué le ocurre a mi hija?
-Mañana por la mañana será mejor que se marchen. A primera hora tratare de buscarles un hotel lejos de aquí y de esta guerra salvaje.
-¿Qué visión tuvo el otro día? Termine de contarlo.
Drazen se quedo en silencio y agacho la cabeza, la joven madre se seco las lagrimas y se planto junto al casero.
-Termine la historia por favor.
-Si se marchan cuanto antes, ya nada importara el final de esta historia.
-Necesito saber que le ocurre a mi hija. ¿Qué quiso decir con eso de que ya están despiertos los siete?
Drazen empezó a temblar.
-Lujuria, gula, pereza, ira, avaricia... los siete pecados capitales, los guías, los guardianes de todo este mal, de toda esta oscuridad. Si ellos han despertado tan solo nos queda huir.
El viejo casero agacho una vez más la cabeza y se dirigió lentamente hacía la puerta de salida, pero justo antes de abrirla.
-Necesito conocer su última visión, no olvide que se trata de mi hija. Hace unos minutos estaba levitando encima de la cama. Su historia es totalmente increíble, pero dada la situación es lo más coherente que he escuchado en los últimos días y necesito saber como acaba esto ¡Por favor!
El rostro del anciano volvió a exorcizar una solemnidad siniestra.
-Todo surge de la imaginación de Jasmila, esa imaginación que habría de ser una bendición puede llevarla a la muerte. El espíritu se expresa mediante sentimientos, pero para que esos sentimientos adquieran forma se necesita imaginación. Por ejemplo, yo he sentido toda la cruel batalla de nuestros antepasados en mi propio cuerpo, he experimentado mil y una sensaciones que me han ayudado a comprender toda esta cruel historia, pero no he podido vislumbrar ninguna imagen, mi imaginación esta dormida. En cambio la de Jasmila no, ella no solo lo siente también lo ve.
El problema es que la imaginación también se alimenta de la experiencia, de lo que vemos y sentimos en el día a día, y lo que la niña ve a día de hoy es una guerra atroz e irracional.
-¿Qué esta tratando de decirme?
-Que la imaginación que su hija posee es tan poderosa que esta comunicando este espacio tiempo, el presente, con otro espacio tiempo, el pasado, ese pasado sanguinario y perverso que la humanidad ha tratado de olvidar. El don que tiene la niña consigue que su mundo de horror se alimente de la realidad exterior y viceversa.
Ambos se quedaron en silencio mientras se miraban fijamente, el rostro de Hasija parecía oprimido por una angustia ilimitada. Drazen abrió lentamente la puerta.
-Si no se marchan pronto, se rasgara el velo del tiempo, pasado y presente se unirán. Será el fin de todo lo que conocemos, aun no es tarde... Mañana a primera hora nos veremos por última vez... buenas noches.
El casero se marcho lentamente, una vez cerrada la puerta, Hasija se arrodillo frente a ella y rompió a llorar nuevamente. Un maremagno de confusión, impotencia y dolor empezó a devorar todo su cuerpo.
Al día siguiente, cuando todavía no se había diluido el alba, madre e hija se plantaron frente al mostrador de recepción de Drazen con las maletas a sus pies, el semblante del anciano mostraba cansancio y angustia, no había conseguido dormir en toda la noche. La pequeña Jasmila parecía un muerto viviente, de todo su cuerpo emergía un halo invisible de tristeza, una tristeza infinita que parecía extenderse por todo el ambiente como una serpiente silenciosa.
Hasija entrego las llaves de la habitación al casero, este agarro su mano y la acaricio tiernamente.
-Tranquila... ya ha pasado todo, ahora podrán comenzar una nueva vida lejos de aquí.
Se observaron en silencio. Aunque trataba de hacerlo con todas sus fuerzas, Drazen no terminaba de creerse sus propias palabras, algo en su interior le decía que ya no había vuelta atrás, ya nada podía detener el mal ilimitado que rezumaba en todo el edificio. Hasija le esbozo un leve sonrisa. En ese instante la niña miro a su madre y dijo con absoluta serenidad.
-Lo siento mama, ya no puedo quedarme más, es hora de irme.
Acto seguido empezó a correr hacía el derruido parque de la entrada, Hasija lanzo un grito de pavor y trato de detenerla. De pronto cuando la niña llego al centro del parque el tiempo pareció detenerse, el cielo se oscureció, toda la realidad empezó a contraerse, el sol aumento su tamaño y comenzó a abrir pequeñas brechas en el espacio. Todo cuanto les rodeaba se expandía y se contraía siguiendo un ritmo siniestro. Era como si la realidad que conocían estuviese incrustada dentro de un gigantesco corazón a punto de dar sus últimos latidos. En ese momento cientos, miles, millones de gritos de dolor estallaron del interior de la niña, daba la impresión de que esa pobre criatura guardase en su interior la angustia y el desespero de todo el universo.


En una milésima de segundo cientos de brazos deformes atraparon a la niña y la embutieron bajo tierra, antes de desaparecer por completo, Jasmila observo a su madre con lagrimas en los ojos y una pequeña sonrisa repleta de paz.
Toda la realidad recupero de pronto su aspecto habitual, un pequeño aroma a vida envolvió la mañana. Hasija se arrodillo en la pequeña porción de tierra donde acababa de desaparecer su hija y dejo salir el infinito dolor que dormía en su alma, primero lanzo un grito desconsolado y luego observo hacía el suelo enmudecida y con lagrimas en los ojos. Segundos después Drazen se arrodillo a su lado y la abrazo.
-El sentido de la justicia que posee la naturaleza sigue escapando a nuestro entendimiento.

Ilustración: Vicentedamián
Texto:
Moisés Rocamora